París-Dakar 1989 el año que se decidió con una moneda al aire

Los grandes protagonistas del Dakar de 1989 fueron Ari Vatanen, Jacky Ickx, Jean Todt y una moneda de diez francos que decidió a falta de dos tramos quien sería el ganador en la capital de Senegal.

Corría el año 1986 y tras el fatal accidente de Toivonen y Cresto en el Mundial de Rallyes desaparecía el reglamento Grupo B. En la siguiente temporada el equipo Peugeot Sport decide no participar en el WRC y llevar su Peugeot 205 Turbo 16 a competir en el París-Dakar.

Peugeot Sport será el primer equipo oficial en participar en un Dakar, ante una legión de participantes amateurs y equipos privados. Su presencia pasa a ser hegemónica de 1987 a 1990. Los medios desplegados en el Dakar hacen que sea difícil luchar contra Peugeot, el presupuesto con el que contaba el equipo era de cerca de 6 millones de euros actuales, que venía siendo el presupuesto anual medio de un equipo de Fórmula 1 de la época. Además, los pilotos al volante de los 205 T16 y 405 T16 son de la categoría de Ari VatanenJuha Kankkunen o Jacky Ickx dirigidos por otro nombre mítico del automovilismo: Jean Todt.

En el año de debut en el Dakar, en 1987, Peugeot ganó con un 205 T16 con Vatanen al volante. Un año después Vatanen estaba en condiciones de entrar nuevamente primero en meta, pero el robo de su Peugeot 405 T16 en el vivac frustró sus opciones; pero Peugeot con Kankkunen y un 205 T16 no dejarían escapar la victoria. 

Peugeot a por todas en su tercer Dakar


Para su tercera participación Peugeot alineaba nuevamente a dos pilotos de auténtico lujo: a Ari Vatanen, a Jacky Ickx y a Guy Fréquelin. Los dos primeros ya sabían lo que era ganar en Dakar y ambos estaban en condiciones de poder pelear hasta el final por su segundo título, tal como fue hasta ese 12 de enero de 1989.

Vatanen e Ickx competían a los mandos de un Peugeot 405 T16 con motor 1.9 turbo de 400 cv de potencia y 1.320 kg de peso, que se había comenzado a diseñar para cumplir la reglamentación Grupo S del WRC. Reglamento que finalmente no se llegó a aprobar y los franceses reconvirtieron el 405 en un ganador de raids.

La apuesta de Jean Todt funcionó mejor de lo esperado y la lucha entre ambos titanes se prolongó durante todo ese Dakar de principio a fin. Etapa a etapa se lanzaban a fondo a por la victoria, llegando a límites en los que cualquiera de los dos podía sufrir un accidente y echar por tierra todo el esfuerzo previo.  Y ese riesgo de accidente grave se reproducía en cada etapa, ni Vatanen ni Ickx cedían en su empuje, dando lugar a uno de los duelos más míticos de la historia del Dakar.

La victoria la decidió una moneda

La sola idea de no llegar a meta con dos Peugeot al frente de la clasificación hizo que Jead Todt maquinara un plan para frenar la fuerte competencia entre sus dos pilotos. Al final de la antepenúltima etapa decidió lanzar una moneda al aire para que fuera la suerte la que eligiera al ganador. Los pilotos no estaban conformes, pero la mano férrea de Todt les obligó a acatar la decisión. Vatanen eligió cara; Ickx eligió cruz. Todt lanzó una moneda de 10 francos al aire y en el propio parque de asistencia, la suerte quiso que Vatanen fuera el afortunado.

Ickx acató aparentemente la decisión llegando a manifestar «estamos arriesgando demasiado y es normal que Todt quiera apostar por la prudencia». No fue el caso de su copiloto, Christian Tarin, que quiso abandonar el Dakar en ese momento e Ickx tuvo que esforzarse para convencerlo de que continuara. 

El que se mostraba feliz por la resolución era Todt, que sabía que pese a que a la organización no le gustara la jugada, el reglamento estaba de su parte y en declaraciones posteriores explicaba: “Llevábamos dos tercios de carrera y los dos primeros estaban emparejados, pero a costa de correr grandes riesgos. No me hubiera perdonado el perder la prueba o que alguno de ellos sufriera un grave accidente». Es cierto que llegó a reconocer que había falseado el resultado del Dakar, pero sin ningún gesto de arrepentimiento, ya que en sus propias palabras: “el espectáculo no prevalece sobre el resultado».

Sobre el terreno Vatanen no se fiaba Ickx. El belga llegó a atacar en la penúltima etapa ante un error de Vatanen. A la salida de un poblado tomaron caminos diferentes, Ickx al percibir el error del finlandés pudo recortar la diferencia y situarse líder a 20 segundos. Al llegar a meta, Vatanen se acercó a la zona Peugeot alterado, acusando a Ickx de no respetar el pacto y que debía haberlo esperado. Ickx se defendía diciendo que lo había esperado circulando lo más lento que podía, pero que aún así entró primero en meta.

Un espectáculo poco deportivo en el Dakar

Peugeot se enfrentaba a la última etapa con los ánimos revueltos y sin que nadie tuviera claro que iba a hacer Ickx. La etapa del 12 de enero era especialmente corta, tan solo 257 km totales y 61 cronometrados.

Jacky Ickx, a 40 kilómetros de meta, decidió esperar a Vatanen. No reduciendo el ritmo, sino deteniendo su Peugeot 405 T16 en medio del tramo, evidenciando que acataba las órdenes de equipo. Una vez neutralizada la ventaja de 20 segundos se dedicó a seguir de cerca a Vatanen si intención de atacar en ningún momento.

Los comisarios deportivos se mostraron muy críticos con la acción de Peugeot y pugnaban por quitar la victoria a los franceses, pero no había amparo normativo en el que apoyar esa decisión.

Vatanen llegó primero a meta, sin celebrar su victoria hasta que entró en meta Ickx. En el podio, el locutor de la ceremonia tuvo que obligar a que Ickx subiera al podio para celebrar su segunda posición. Allí la tensión era manifiesta, no se dieron la mano e Ickx ni siquiera descorchó el champán.

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